Profesionales y fuentes de inspiración
De la D a la G, nos encontramos con algunos de los verdaderos pioneros de la profesión: personas que llevan escribiendo, investigando, enseñando y cuestionando verdades establecidas mucho antes de que el resto empezáramos a usar estos términos en salas de juntas y presentaciones de PowerPoint. Aquí encontrará voces que han contribuido a moldear nuestra comprensión de la innovación, la estrategia, la tecnología, la experiencia del cliente y el liderazgo moderno.
Profesionales y fuentes de inspiración de la D-G
Richard L. Daft
Richard L. Daft es profesor y autor especializado en teoría de la organización y liderazgo, y durante varias décadas ha sido una importante voz académica para comprender cómo funcionan las organizaciones, cómo evolucionan y cómo se adaptan al cambio. Es especialmente conocido por sus libros sobre organización y liderazgo, ampliamente utilizados en universidades e instituciones de educación superior de todo el mundo. Daft combina la teoría clásica de la organización con perspectivas modernas sobre innovación, tecnología, cultura y gestión del cambio, lo que hace que su trabajo sea especialmente relevante en la sociedad digital actual.
Daft resulta interesante porque muestra claramente que las organizaciones no se reducen a estructuras y jerarquías, sino que también dependen de las personas, la cultura, la comunicación y la capacidad para gestionar la complejidad. Describe cómo las organizaciones deben equilibrar las operaciones estables con la innovación y el desarrollo, y cómo el liderazgo implica mucho más que control y elaboración de informes. Esta perspectiva es especialmente relevante en el ámbito de la digitalización, donde la tecnología por sí sola rara vez resuelve los desafíos si la organización no desarrolla al mismo tiempo su cultura, sus competencias y sus formas de trabajo.
En el contexto de El capital invisible, Daft aporta un importante marco teórico para comprender cómo las organizaciones pueden desarrollar su capacidad de aprendizaje, colaboración y adaptación a lo largo del tiempo. Su trabajo ayuda a explicar por qué algunas organizaciones tienen éxito en los procesos de cambio y desarrollo, mientras que otras quedan atrapadas en silos, procesos burocráticos y una gestión centrada en el corto plazo. Daft también destaca la importancia del liderazgo como capacidad para crear dirección, sentido y colaboración entre las personas, una perspectiva que encaja muy bien con el enfoque del proyecto en la creación de valor a través de las relaciones y las competencias.
Tom Davenport es profesor, autor y una de las voces más destacadas en los ámbitos de la gestión del conocimiento, el análisis de datos y el desarrollo empresarial basado en datos. Durante varias décadas ha estudiado cómo las organizaciones pueden utilizar la información, la tecnología y el análisis para mejorar la toma de decisiones, la innovación y la creación de valor. Davenport fue uno de los primeros en describir cómo los datos y el análisis podían convertirse en una ventaja competitiva estratégica, mucho antes de que conceptos como la inteligencia artificial y el big data se hicieran habituales en el debate público.
A través de libros como Competing on Analytics y Working Knowledge (no disponible), ha mostrado que las organizaciones no solo necesitan tecnología, sino también cultura, competencias y una organización adecuada para tener éxito en la transformación digital. Davenport resulta especialmente relevante para el trabajo de El capital invisible porque pone el foco en el conocimiento como recurso estratégico y destaca la importancia de combinar la tecnología con la comprensión y la experiencia humanas.
Sus perspectivas también son muy relevantes para el sector público y el desarrollo de servicios digitales. Davenport demuestra que los datos por sí solos no generan mejores servicios ni mejores decisiones. Lo decisivo es cómo las organizaciones consiguen transformar el conocimiento en acción, mejora y aprendizaje a lo largo del tiempo. Esto conecta directamente con los desafíos relacionados con la digitalización, la comprensión de los usuarios y la capacidad de ejecución, temas centrales del proyecto.
Jared Diamond
Jared Diamond es profesor, historiador y autor, conocido por sus análisis sobre cómo las sociedades evolucionan, prosperan y colapsan a lo largo del tiempo. Combina perspectivas de la historia, la geografía, la biología y las ciencias sociales para explicar por qué algunas sociedades han creado estructuras estables y un desarrollo sostenido, mientras que otras se han estancado o colapsado. Diamond es especialmente conocido por sus libros Armas, gérmenes y acero y Colapso, en los que examina cómo la tecnología, los recursos, la cultura y el liderazgo influyen en el desarrollo social.
En su obra sobre el capital invisible, Diamond resulta interesante porque va más allá de las empresas individuales y demuestra cómo la visión a largo plazo, la colaboración, el conocimiento y la capacidad de adaptación son cruciales para el desarrollo sostenible. Sus perspectivas ofrecen una comprensión más amplia de cómo las sociedades, las organizaciones y las economías se configuran con el tiempo, y por qué las decisiones a corto plazo suelen tener importantes consecuencias a largo plazo.
Peter Drucker
Peter Drucker es considerado uno de los fundadores de la teoría moderna de la administración y ha ejercido una enorme influencia en la gestión y el desarrollo de las organizaciones. Fue uno de los primeros en centrarse claramente en el trabajador del conocimiento y en la importancia de la administración como disciplina independiente. Las perspectivas de Drucker conectan estrategia, organización y personas de una manera que aún hoy mantiene vigente su obra, y proporciona una base académica fundamental para comprender cómo se genera valor en la práctica.
Juan Doerr
John Doerr es inversor, capitalista de riesgo y una figura clave en el desarrollo de Silicon Valley gracias a su trabajo en Kleiner Perkins. Fue uno de los primeros inversores en empresas como Google y Amazon, y es conocido por popularizar el método de establecimiento de objetivos OKR (Objetivos y Resultados Clave). Doerr ha influido notablemente en la forma en que las empresas tecnológicas trabajan con enfoque, priorización y ejecución, y sus perspectivas son relevantes porque conectan estrategia, innovación y liderazgo práctico de una manera concreta y medible.
El libro «Measure What Matters» se ha convertido en una de las introducciones más importantes a la metodología OKR y muestra cómo los objetivos claros, combinados con resultados medibles, pueden contribuir a una mayor concentración, una mejor capacidad de ejecución y una innovación más rápida. Mediante ejemplos concretos de empresas como Google, John Doerr ilustra cómo una dirección clara y un seguimiento continuo pueden generar tanto crecimiento como aprendizaje organizacional. En el ámbito de la digitalización y el desarrollo de servicios, el libro resulta especialmente relevante porque enfatiza la importancia de vincular la estrategia con la acción real y los resultados medibles.
Es uno de los profesionales que, en muchos sentidos, conecta varios de los temas principales que se abordaron en los seminarios de Oxford y San Francisco. Representaba no solo la tecnología o la innovación en sentido estricto, sino también una perspectiva más amplia sobre cómo la sociedad, los negocios, la investigación y la política se interconectan al construir la competitividad del futuro.
Lo que me impresionó de Stephen Ezell fue su capacidad para contextualizar la tecnología. Mucha gente habla de innovación como si solo se tratara de nuevos productos o rápidos avances tecnológicos, pero Ezell solía elevar el debate a un nivel donde la innovación también abarcaba la cultura, la educación, la colaboración, la inversión, las políticas públicas y la estrategia a largo plazo. Esto encajaba perfectamente con muchas de las reflexiones que desarrollamos a través de las redes y seminarios de BI. La innovación no se presentaba como algo aislado que ocurre en una sola empresa, sino como algo que emerge en ecosistemas donde las personas, las empresas y las sociedades se influyen mutuamente a lo largo del tiempo.
A través de su trabajo en la Fundación de Tecnologías de la Información e Innovación, también contribuyó a visibilizar cómo los distintos países compiten por la experiencia, la tecnología y la capacidad de innovación. Muchas de las conferencias y debates en los seminarios giraron precisamente en torno a esto: por qué algunos países y regiones tienen más éxito que otros, cómo se construyó Silicon Valley a lo largo de varias décadas y por qué la visión a largo plazo es tan importante para desarrollar comunidades profesionales sólidas y empresas sostenibles.
También me impresionó la importancia que la innovación en el servicio tenía en gran parte de su trabajo. No se trataba simplemente de un pensamiento clásico de la industria o la tecnología, sino de cómo las soluciones digitales, los servicios y las experiencias del cliente se convirtieron gradualmente en motores cada vez más importantes de la economía. Muchos de los que trabajábamos con la digitalización en la práctica —ya fuera en la aviación, el sector público, la cultura o las empresas internacionales— reconocíamos gran parte de esto. La tecnología por sí sola no crea valor si no se comprenden también a las personas, sus experiencias, la organización y el servicio.
También resultaba inspirador el optimismo que muchos de estos ponentes transmitían. No un optimismo ingenuo, sino la convicción de que la innovación puede, de hecho, ayudar a resolver problemas, desarrollar servicios y crear nuevas oportunidades si se logra combinar experiencia, colaboración y una visión a largo plazo. Esto convirtió los seminarios, tanto en Oxford como en San Francisco, en mucho más que simples conferencias académicas. Se transformaron en puntos de encuentro donde se adquirían nuevas perspectivas sobre cómo la tecnología, la sociedad y las personas se desarrollan conjuntamente.
En retrospectiva, resulta interesante observar cuánto de lo que Stephen Ezell y otros abordaron en aquel entonces sigue siendo relevante hoy en día. Temas como la transformación digital, la competencia tecnológica global, la innovación, la inteligencia artificial y la necesidad de una transformación continua no han hecho sino cobrar mayor importancia. Precisamente por eso, estos profesionales siguen siendo voces clave en la trayectoria profesional que, con el tiempo, se convirtió en la base de Invisible Capital.
Peder Inge Furseth ha tenido una importancia muy especial en el recorrido académico y profesional que constituye la base de El capital invisible y Personas que crean valor. Algunas personas dejan huella por lo que enseñan. Otras, por la forma en que se relacionan con las personas. Peder Inge Furseth ha hecho ambas cosas.
A través de los seminarios de Oxford, los seminarios de San Francisco, los estudios de innovación en BI y numerosos encuentros de redes profesionales, ha sido una fuerza impulsora fundamental para construir puentes entre la investigación, las empresas, la tecnología y las personas. Pero quizá aún más importante: ha construido puentes entre las personas. Es una cualidad que no siempre aparece en los planes de estudio, los títulos académicos o las presentaciones, pero que con el tiempo suele ser una de las más importantes.
Para muchos, Peder Inge Furseth ha sido mucho más que un profesor. Ha abierto puertas a entornos académicos y profesionales, perspectivas internacionales y nuevas formas de comprender la innovación y la digitalización. Ha tenido una capacidad poco común para reunir alrededor de una misma mesa a personas de distintos sectores, trayectorias y niveles profesionales, y conseguir que todas se sintieran incluidas en la conversación. Es una cualidad que no puede aprenderse únicamente a través de la teoría. Tiene que ver con la forma de entender y valorar a las personas.
A través de los seminarios de Oxford y San Francisco, no se limitó a crear programas académicos. Creó espacios de encuentro. Muchas de las reflexiones, relaciones e ideas más importantes surgieron precisamente porque comprendía que el aprendizaje se produce mediante la interacción entre las personas: en las conversaciones después de las conferencias, alrededor de una mesa durante una cena, en los vestíbulos de los hoteles, en los trayectos en autobús entre visitas a empresas y en esas pequeñas conversaciones que conectan el conocimiento profesional con la experiencia.
Es difícil exagerar la importancia que estos seminarios tuvieron para muchos de sus participantes. Oxford ofrecía un espacio para la reflexión, la historia, la profundización académica y nuevas perspectivas. San Francisco y Silicon Valley abrían ventanas hacia la tecnología, el emprendimiento, la innovación y la sociedad digital del futuro. En ambos entornos, Peder Inge Furseth consiguió crear un hilo conductor en el que la teoría, la práctica y las experiencias humanas se entrelazaban de una manera que daba vida al aprendizaje.
Para mí, personalmente, ha tenido una gran importancia como mentor en este ámbito. No mediante grandes palabras ni desde la distancia, sino a través de la inclusión, la confianza y un interés sincero por las personas que lo rodean. Ha tenido una capacidad única para ver a las personas, conectarlas entre sí y hacer que sientan que pertenecen a los entornos profesionales y académicos en los que participan. Es una cualidad poco común, especialmente en ámbitos que fácilmente podrían estar marcados por el prestigio y la distancia.
Muchas personas hablan de las redes de contactos como algo estratégico. Con Peder Inge Furseth, las redes se perciben más bien como comunidades. Durante muchos años ha construido entornos profesionales en los que las personas aprenden unas de otras, se inspiran mutuamente y evolucionan juntas. No se trata únicamente de tecnología o innovación en un sentido estricto, sino de comprender cómo las personas, la cultura, las organizaciones y las relaciones crean las bases para el desarrollo y la creación de valor.
También resulta especialmente significativa la calidez con la que se relaciona con las personas. Tiene una forma tranquila e inclusiva de estar presente que hace que las personas se sientan bienvenidas, ya sean estudiantes, directivos, investigadores o profesionales del mundo laboral. No se presenta como alguien que quiera situarse por encima de los demás, sino como una persona que desea sinceramente compartir conocimientos, despertar la curiosidad y construir comunidades en torno al aprendizaje y el desarrollo.
Por ello, en el trabajo de El capital invisible, Peder Inge Furseth forma una parte importante de la propia historia que sustenta el proyecto. No solo porque organizó seminarios o enseñó innovación, sino porque representa una forma de entender el conocimiento profesional en la que las personas ocupan un lugar central. Demuestra que el conocimiento no consiste principalmente en títulos o teorías por sí solos, sino también en relaciones, intercambio, confianza y la capacidad de ayudar a otras personas a formar parte de una comunidad.
Muchas de las huellas dejadas por Oxford, San Francisco, los estudios de innovación y las redes profesionales siguen vivas precisamente porque se construyeron de esta manera. No como espacios elitistas y cerrados, sino como entornos abiertos de aprendizaje donde las personas podían crecer, pensar en voz alta, plantear preguntas y desarrollarse juntas.
Es difícil pensar en este recorrido académico y profesional sin pensar también en Peder Inge Furseth. No solo ha transmitido conocimientos sobre innovación y digitalización. También ha demostrado cómo las personas pueden crear valor duradero mediante la generosidad, la curiosidad, las relaciones y un interés genuino por los demás.
Bill Gates
Bill Gates es una de las figuras más importantes de la historia de la tecnología moderna y una figura central en el desarrollo de la infraestructura digital sobre la que se sustenta gran parte de la sociedad actual. Para Magne Bjella, Bill Gates no representa únicamente el software y la tecnología, sino también la comprensión de cómo las plataformas digitales, la estandarización y el desarrollo tecnológico a largo plazo pueden transformar tanto la vida laboral como las empresas y el sector público.
Mientras que muchas personas asocian a Steve Jobs con el diseño y los productos, Bill Gates representa en mayor medida los propios cimientos de la vida digital cotidiana. A través de Microsoft, Gates contribuyó a hacer que los ordenadores y el software fueran accesibles para millones de personas en todo el mundo, tanto en los hogares como en las escuelas, las empresas y el sector público.
Para Magne, esto resulta especialmente relevante porque gran parte del desarrollo digital en el que posteriormente trabajó en SAS, la Ópera, Navico y el municipio de Bærum se construyó precisamente sobre tecnologías del ecosistema de Microsoft:
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Windows
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Office
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Outlook
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plataformas de servidores
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tecnología en la nube
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herramientas de colaboración
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Azure
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soluciones CMS basadas en Microsoft
En muchos sentidos, Microsoft se convirtió en la propia infraestructura del lugar de trabajo digital durante las décadas de 1990 y 2000.
Bill Gates fundó Microsoft junto con Paul Allen en 1975. Desde muy pronto, Gates comprendió que el software llegaría a ser tan importante como el hardware. Mientras muchas empresas se centraban en los propios ordenadores, Gates vio el potencial de los sistemas operativos y de las plataformas de software estandarizadas que podían ser utilizadas por un gran número de personas.
Esto quedó claramente reflejado en el desarrollo de:
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MS-DOS
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Windows
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Word
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Excel
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PowerPoint
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la suite Office
Estas herramientas transformaron la vida laboral a escala mundial. El trabajo de oficina, la gestión de documentos, la comunicación y las presentaciones se digitalizaron a una escala que el mundo nunca había visto antes.
Para Magne Bjella, esta es una parte importante de la historia de la digitalización. Microsoft hizo que la tecnología estuviera disponible a gran escala. No solo para las empresas tecnológicas, sino también para los lugares de trabajo convencionales, las organizaciones y las instituciones públicas. Esto sentó las bases para el posterior desarrollo de Internet, los servicios digitales y los procesos de trabajo modernos.
Bill Gates también comprendió muy pronto la importancia de la escalabilidad y del pensamiento basado en plataformas. Microsoft no se limitó a desarrollar productos individuales: construyó ecosistemas en los que el software, los desarrolladores, el hardware y los usuarios podían funcionar conjuntamente. Esta perspectiva se ha convertido posteriormente en un elemento fundamental tanto de la tecnología en la nube como de las plataformas digitales y la arquitectura informática moderna.
En el trabajo de El capital invisible y Personas que crean valor, Bill Gates resulta interesante porque representa cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta para la productividad, el intercambio de conocimientos y el desarrollo de la sociedad a gran escala. Demostró cómo las herramientas digitales estandarizadas podían ofrecer a las personas nuevas oportunidades para trabajar, colaborar y comunicarse más allá de las fronteras nacionales.
Al mismo tiempo, Gates llegó a convertirse en uno de los filántropos más conocidos del mundo a través de la Bill & Melinda Gates Foundation.
Tras reducir progresivamente su participación en Microsoft, se involucró intensamente en ámbitos como:
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salud global
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vacunas
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educación
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lucha contra la pobreza
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investigación
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clima
Esta es también una parte importante de la historia de Bill Gates. Pasó de ser un emprendedor tecnológico a dedicar gran parte de su patrimonio e influencia a afrontar desafíos globales de la sociedad.
Para Magne Bjella, Bill Gates representa, por tanto, no solo la tecnología, sino también una visión a largo plazo y la confianza en el conocimiento como motor del desarrollo. Gates contribuyó a construir la infraestructura digital que posteriormente hizo posible Internet, los sitios web modernos, los servicios digitales y las soluciones basadas en la nube.
Quizá sea precisamente por eso por lo que Bill Gates sigue siendo tan relevante:
porque comprendió que la tecnología no consiste únicamente en máquinas y software, sino en cómo las personas trabajan, aprenden, colaboran y contribuyen al desarrollo de la sociedad mediante el conocimiento y herramientas accesibles.
James H. Gilmore
James H. Gilmore es autor y estratega especializado en experiencia del cliente, economía de la experiencia y desarrollo empresarial.
Junto con B. Joseph Pine II, contribuyó a establecer The Experience Economy como una perspectiva fundamental dentro del marketing moderno y la innovación en servicios.
En el libro The Experience Economy, Gilmore describe cómo las personas buscan cada vez más experiencias significativas, en lugar de limitarse a productos y servicios. Esta perspectiva desafió el pensamiento económico tradicional y tuvo una gran influencia en ámbitos como los servicios, el comercio minorista, la cultura, el turismo y los servicios digitales.
El trabajo de Gilmore sigue siendo muy relevante en la actualidad, especialmente en ámbitos como:
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experiencia del cliente
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servicios digitales
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innovación en servicios
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construcción de relaciones
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personalización
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y desarrollo de experiencias sólidas para clientes y ciudadanos.
Sus perspectivas destacan cómo el valor se crea en la interacción entre las personas, los servicios y las experiencias, y no únicamente a través de la tecnología.





